Diversidad Sexual
La dilatación de las pupilas y la orientación sexual

¿Puede la dilatación de las pupilas revelar la orientación sexual de una persona?
Las pupilas, el deseo y una noticia viral
¿Y si una cámara pudiera detectar qué personas te excitan sexualmente observando únicamente tus pupilas?
Durante años circuló por internet una idea tan inquietante como fascinante: que bastaba analizar la dilatación de las pupilas para descubrir la orientación sexual de una persona. El titular parecía sacado de una película de ciencia ficción, pero detrás de aquella afirmación existía un estudio científico real desarrollado por investigadores de la Cornell University. Y, como suele ocurrir, la realidad era bastante más compleja —y mucho más interesante— que el titular viral.
En Moscas de Colores siempre nos han interesado especialmente las investigaciones relacionadas con la diversidad sexual y con la forma en que las personas experimentan el deseo, la atracción y la identidad. Así que decidimos acudir directamente al estudio original para comprobar qué decía realmente. ¿Se podía detectar la orientación sexual observando los ojos? ¿Era cierto que las pupilas podían delatar nuestros deseos más íntimos? ¿O simplemente estábamos ante otro ejemplo de sensacionalismo científico?
Lo primero que descubrimos fue algo importante: el estudio no pretendía “detectar homosexuales”, como insinuaban muchos titulares. Su objetivo era mucho más ambicioso. Los investigadores intentaban comprender mejor cómo funciona la excitación sexual humana y cómo se relacionan entre sí la respuesta fisiológica, la orientación sexual declarada, la atracción y el deseo.
Y lo que encontraron resultó especialmente interesante porque apuntaba hacia una idea que hoy ocupa un lugar central en muchas investigaciones sobre sexualidad:
La sexualidad humana no encaja fácilmente en categorías rígidas.
Los antecedentes: cuando los gobiernos querían medir la homosexualidad
La idea de utilizar las pupilas para estudiar la excitación sexual no era completamente nueva. La dilatación pupilar puede funcionar como una respuesta fisiológica involuntaria relacionada con el interés, la atención o la excitación sexual. Cuando algo nos atrae, sorprende o estimula, nuestras pupilas pueden dilatarse sin que tengamos control consciente sobre ello.
Precisamente por eso, entre las décadas de 1950 y 1970, el gobierno canadiense desarrolló investigaciones destinadas a detectar personas homosexuales mediante respuestas fisiológicas involuntarias. En plena Guerra Fría, la homosexualidad era considerada un “riesgo nacional”, especialmente en ámbitos militares y gubernamentales, y se buscaban métodos para identificar a empleados potencialmente sospechosos.
Aquel proyecto terminó siendo conocido como la Fruit Machine, una de las páginas más inquietantes de la historia de la sexología moderna.

Recreación artística de la Fruit Machine, un programa experimental utilizado durante la Guerra Fría para intentar detectar la homosexualidad mediante respuestas fisiológicas involuntarias.
El sistema intentaba medir respuestas involuntarias —incluida la dilatación de las pupilas— frente a imágenes eróticas. Sin embargo, la tecnología de la época era muy limitada y los resultados resultaban poco fiables.
Décadas después, los avances tecnológicos permitieron retomar estas investigaciones desde un enfoque completamente distinto. Ya no se trataba de perseguir personas homosexuales, sino de comprender mejor la complejidad de la sexualidad humana.
El estudio de la Cornell University
El estudio fue desarrollado por Gerulf Rieger y Ritch C. Savin-Williams y publicado en 2012 bajo el título The Eyes Have It: Sex and Sexual Orientation Differences in Pupil Dilation Patterns. Su principal novedad consistía en utilizar un sistema de rastreo infrarrojo capaz de medir con precisión la dilatación pupilar mientras los participantes observaban distintos estímulos eróticos.
Frente a los métodos clásicos de investigación sexual —basados principalmente en la medición genital— esta técnica tenía una ventaja fundamental: era mucho menos invasiva. Los investigadores señalaron que los estudios basados en respuestas genitales generaban muchos sesgos porque no todas las personas estaban dispuestas a participar en experimentos de ese tipo. Además, dificultaban enormemente la investigación en sociedades conservadoras y en personas jóvenes.

Sistema de rastreo ocular utilizado para medir la dilatación pupilar durante la observación de estímulos eróticos.
Para el experimento seleccionaron a 325 participantes de entre 23 y 27 años: 165 hombres y 160 mujeres. La mayoría fueron reclutados mediante anuncios universitarios, aunque algunos hombres bisexuales fueron localizados en páginas de contactos donde buscaban relaciones tanto con hombres como con mujeres.
A los participantes les mostraron vídeos eróticos de hombres y mujeres masturbándose, además de vídeos neutros de paisajes utilizados como control. Mientras observaban las imágenes, un sistema infrarrojo medía continuamente la dilatación de sus pupilas.
Sin embargo, el estudio no se limitaba a observar reacciones automáticas. Después de cada vídeo, los participantes respondían preguntas sobre:
- el grado de atractivo que les generaban las personas de las imágenes,
- si les parecían sexualmente excitantes,
- si les gustaría tener una cita con ellas,
- y cómo definían su propia orientación sexual.
Es decir, los investigadores combinaron varios elementos distintos:
- respuesta fisiológica,
- atracción subjetiva,
- deseo sexual,
- comportamiento,
- e identidad declarada.
Y esto es muy importante, porque el estudio no demostraba que todas esas dimensiones fueran exactamente la misma cosa. De hecho, parte de su interés radicaba precisamente en mostrar que podían no coincidir completamente.
Los investigadores utilizaron una escala similar a la de Kinsey, donde el 0 representaría una heterosexualidad exclusiva y el 6 una homosexualidad exclusiva. Esto ya indica algo importante: para los autores del estudio, la orientación sexual no funcionaba necesariamente como una categoría binaria.

La orientación sexual puede entenderse como un continuo con múltiples posiciones intermedias.
¿Qué descubrió realmente el estudio?
El experimento produjo varios resultados especialmente interesantes.
En primer lugar, existía una fuerte correlación entre la orientación sexual declarada por los participantes y su respuesta fisiológica. En términos generales, las personas mostraban patrones de excitación coherentes con la orientación que afirmaban tener.
Los hombres heterosexuales mostraban una mayor dilatación pupilar ante estímulos femeninos, mientras que los hombres homosexuales reaccionaban principalmente ante estímulos masculinos.
Sin embargo, la parte más interesante del estudio apareció cuando los investigadores analizaron los patrones intermedios y las diferencias entre hombres y mujeres.
La bisexualidad masculina y los patrones intermedios
Uno de los hallazgos más llamativos fue que los hombres bisexuales mostraban dilatación pupilar tanto ante estímulos masculinos como femeninos. Además, los investigadores encontraron evidencias de algo especialmente interesante: existían hombres “mayormente heterosexuales” con respuestas distintas a las de los heterosexuales exclusivos.
Durante mucho tiempo se asumió que los hombres eran sexualmente “rígidos”: o heterosexuales o homosexuales. Los patrones intermedios solían interpretarse como confusión, transición o negación. El estudio de Cornell cuestionaba parcialmente esa visión y sugería que la excitación masculina podía ser más flexible y gradual de lo que tradicionalmente se había asumido.
En otras palabras: ni siquiera categorías como “hetero”, “bi” y “gay” parecían suficientes para describir completamente la diversidad de respuestas sexuales humanas.
La sexualidad femenina y la flexibilidad sexual
Otro resultado especialmente relevante fue el comportamiento de las mujeres participantes.
Mientras que los hombres mostraban patrones relativamente específicos en función de su orientación sexual, muchas mujeres heterosexuales mostraban respuestas fisiológicas ante estímulos tanto masculinos como femeninos. Las lesbianas fueron el grupo femenino que presentó un patrón más específico, reaccionando principalmente ante mujeres.
Estos resultados reforzaban investigaciones anteriores que ya sugerían que la sexualidad femenina podía ser más flexible y menos rígidamente categórica que la masculina.
Sin embargo, esto no significa que todas las mujeres sean bisexuales o sexualmente fluidas. Lo que el estudio sugería es algo más concreto y más interesante: que, estadísticamente, las respuestas fisiológicas femeninas parecían menos específicas respecto al sexo del estímulo.
El propio estudio también apuntaba hacia otra cuestión importante: quizá la sexualidad masculina no fuera tan rígida como tradicionalmente se pensaba. Y esto resulta especialmente interesante porque rompe una vieja simplificación cultural: la idea de que los hombres poseen orientaciones absolutamente fijas mientras que las mujeres serían “más fluidas”.
Lo más importante: el estudio cuestiona las categorías rígidas
Probablemente el aspecto más interesante del trabajo no sea la posibilidad de medir la excitación mediante las pupilas, sino otra cuestión mucho más profunda:
La sexualidad humana parece distribuirse en gradientes y patrones intermedios más complejos de lo que solemos admitir.
Los propios investigadores reconocieron que existía una considerable variabilidad individual y que algunas respuestas no encajaban perfectamente dentro de las categorías clásicas.
Esto conecta con algo que la sexología lleva décadas observando: la orientación sexual, la excitación, las fantasías, el comportamiento sexual y la identidad no son exactamente la misma cosa.
Una persona puede:
- sentir excitación ocasional ante determinados estímulos,
- tener fantasías que no forman parte de su vida cotidiana,
- experimentar conductas sexuales concretas,
- construir una identidad social determinada,
- o vivir su deseo de maneras distintas según el contexto cultural y vital.
Y todas esas dimensiones pueden relacionarse entre sí de formas muy diversas.
En este sentido, el estudio de las pupilas resulta interesante no porque permita “descubrir” la orientación sexual de las personas, sino porque vuelve a mostrar algo mucho más relevante: que la excitación sexual no siempre encaja perfectamente dentro de etiquetas rígidas.
¿Se puede conocer la orientación sexual analizando las pupilas?

La idea de identificar la orientación sexual mediante respuestas fisiológicas recuerda a escenarios de ciencia ficción.
Después de leer el estudio completo, la respuesta corta sigue siendo no.
La dilatación pupilar puede ofrecer información útil sobre patrones de atención, interés o excitación, pero eso no significa que sea posible determinar de forma exacta la orientación sexual de una persona únicamente observando sus pupilas.
Las razones son muchas.
a) La pupila no responde solo al deseo sexual. También se dilata frente al estrés, la sorpresa, la atención, el miedo o determinados estímulos cognitivos.
b) La excitación fisiológica no equivale automáticamente a identidad sexual. Una respuesta corporal concreta no determina necesariamente cómo vive una persona su sexualidad.
c) El deseo sexual humano no depende únicamente de estímulos visuales. La atracción está influida por múltiples factores psicológicos, emocionales, sociales y culturales.
d) El propio estudio tenía limitaciones metodológicas. Los vídeos utilizados eran muy breves, el contexto era artificial y los participantes pertenecían a grupos relativamente concretos.
e) La sexualidad humana puede cambiar a lo largo de la vida. Los investigadores observaron indicios de que algunos patrones podían variar con la edad.
f) Existen personas cuyas respuestas sexuales no encajan fácilmente en categorías tradicionales. El estudio trabajaba principalmente con categorías clásicas y no incluía adecuadamente toda la diversidad sexual y de género existente.
g) El contexto emocional influye enormemente. Una situación de miedo, presión o coacción alteraría profundamente las respuestas fisiológicas de cualquier persona.
Lo que este estudio dice realmente sobre la sexualidad humana

El estudio sugiere que la sexualidad humana presenta gradaciones y patrones más complejos que las categorías tradicionales.
Quizá la conclusión más interesante del estudio sea precisamente la contraria a la que sugerían muchos titulares sensacionalistas. Si algo muestran estas investigaciones es que la sexualidad humana parece mucho más diversa, gradual y flexible de lo que solemos imaginar.
La importancia de este tipo de estudios no reside en construir sistemas para clasificar personas, sino en comprender mejor cómo funciona realmente el deseo humano.
Porque la excitación sexual no siempre encaja perfectamente dentro de etiquetas rígidas. Existen gradaciones, patrones intermedios, variabilidad individual y formas muy distintas de experimentar el deseo, la atracción y la identidad.
Tal vez el verdadero interés de este tipo de investigaciones no consista en descubrir quién es heterosexual, homosexual o bisexual, sino en comprender hasta qué punto la sexualidad humana es más diversa y menos rígida de lo que durante siglos hemos querido creer.
Y quizá por eso este estudio resultó tan interesante: porque sugería que la sexualidad humana no funciona como un sistema de compartimentos estancos, sino como un territorio mucho más complejo, gradual y flexible.
Publicación de Cornell University: Eye pupils reveal sexual orientation, study shows. Estudio científico completo: The Eyes Have It: Sex and Sexual Orientation Differences in Pupil Dilation PatternsTag :Diversidad Sexual, Naturaleza, Plasticidad Sexual, Sexo, Sexualidad ComparadaY déjanos un comentario



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