Serie Gay Slang
Mostacero. Diccionario Gay (Perú).
La quimera del macho.
Toda cultura inventa sus personajes y Perú tiene al mostacero: el heterosexual viril hasta la caricatura, capaz de mantener relaciones sexuales con otros hombres sin sentir que ello comprometa demasiado la imagen que tiene de sí mismo.
Durante años pensamos que el mostacero era poco más que una curiosidad escatológica de la jerga peruana. Con el tiempo comprendimos que encerraba algo más interesante: una pequeña lección sobre la diversidad humana.
La orientación, el comportamiento, el deseo y la identidad no siempre viajan alineados. Y el argot suele ser bastante más rápido que la ciencia a la hora de poner nombre a estas aparentes contradicciones.
Desde muy antiguo, incluso en sociedades donde el comportamiento homosexual estaba relativamente normalizado, no siempre se otorgó la misma consideración social al hombre que penetraba (o activo) que al hombre penetrado (o pasivo). Para muchas culturas, como la romana, lo importante no era tanto con quién te acostabas, sino el papel que desempeñabas durante el acto sexual. Siempre y cuando, por supuesto, en el resto de facetas de la vida, te comportaras según lo que se esperaba de un hombre en aquella época.
Esta distinta valoración de los roles, que llega hasta nuestros días, ha permitido que algunos hombres hayan dado rienda suelta a determinados deseos, curiosidades o circunstancias sin sentir que ello cuestionara necesariamente su identidad heterosexual. El mostacero representa precisamente esa vieja quimera del macho: la necesidad de reforzar una masculinidad a prueba de cualquier duda. Por eso, cuanto más se aleja del ideal masculino en determinados momentos, más necesita el mostacero reafirmarse en el resto de facetas de su vida.
Nunca se es lo suficientemente macho.
En España existe un viejo dicho para este tipo de hombre, conocido como la Ley de Mahoma: tan maricón es el que da como el que toma. La existencia misma del refrán sugiere que esa forma de justificarse —haber sido el activo— viene de lejos. La respuesta popular no pudo ser más contundente: tan maricón era quien penetraba como quien era penetrado.
Pero el refrán escondía más mala leche todavía. La referencia a Mahoma desplazaba el vicio hacia el otro. Porque es más fácil colocar en el otro aquello que una sociedad prefiere no reconocer en sí misma.
Los maricas siempre son los demás.
El origen del mostacero
El significado original de la palabra es bastante inocente: un mostacero es simplemente el recipiente utilizado para contener mostaza. Sin embargo, el ingenio popular posee una extraordinaria capacidad para convertir cualquier objeto cotidiano en una categoría antropológica.
La imagen de la mostaza chorreando por el pitorro del recipiente permite realizar el inevitable salto escatológico. No nos andemos con rodeos: hablamos de mierda, heces, caca o como cada cual prefiera llamarla. El miembro del mostacero, manchado de «mostaza» tras el coito anal, revela el sentido último del término.
No conocemos con certeza el origen de la expresión. Como ocurre con buena parte del argot relacionado con la sexualidad, es difícil saber si nació en ambientes homosexuales, en la jerga popular o en contextos marginales. Lo cierto es que acabó dando nombre a un personaje muy concreto del imaginario masculino latinoamericano.
El mostacero es el macho por excelencia. El soldado, el marinero, el albañil, el camionero, el musculoso de barrio, el agro-man, el trabajador manual o el heterosexual convencional que, llegado el caso, se pone burro con el culete del aprendiz.
Como suele ocurrir con el argot, el significado no es único. Mostacero se utiliza también para referirse a los hombres que practican el coito anal con mujeres, así como a los hombres heterosexuales que, sin ser machirulos, de vez en cuando tienen sexo activo con otros hombres.
El macho deseado
Pero el mostacero dice tanto del objeto deseado como de quien desea. Y lo cierto es que goza de una enorme popularidad en el universo erótico homosexual latinoamericano, por no decir del planeta. Durante décadas, buena parte del ambiente homosexual construyó alrededor del mostacero toda una pequeña mitología.
No hay mucho más que explicar. A cada cual le pone lo que le pone. Si unos suspiran por cantantes, actores o futbolistas, otros llevan décadas fantaseando con soldadores, agricultores, marineros y albañiles con novia.
Y, como toda buena fantasía, el mostacero también viene con instrucciones de uso.
Cuanto más masculino es el mostacero, más atractivo parece. Y cuanto más femenino es el gay, más posibilidades tiene de captar la atención del macho deseado. ¿Qué puede salir de este dúo retroalimentado? Un buen número de dramas, unas cuantas comedias y más de una decepción al despertarse.
El macho fuera de horario
El mostacero no es una figura exclusiva del imaginario peruano. Con cualquier otro nombre, puede aparecer en cualquier bar de cualquier ciudad del mundo, especialmente cuando la noche se alarga, las expectativas iniciales se frustran y el mercado heterosexual entra en crisis.
Seguramente se trate de un personaje exagerado, construido a medio camino entre el deseo, el humor y la observación. Pero las exageraciones suelen apoyarse en algo reconocible.
Quizá por eso el mostacero sigue despertando tantas simpatías. Insinúa, con cierta crueldad, que para algunas personas la heterosexualidad es una cuestión de horarios. Hay identidades que parecen mucho más sólidas a las diez de la noche que a las cuatro de la madrugada.
De chacales, mayates y cucarrones
En América Latina existen otros personajes próximos al mostacero, como chacal, chacalote, mayate o cucarrón.
El chacal designaba originalmente a ese hombre de aspecto rudo, popular y muy masculino —algo así como el equivalente mexicano del mostacero—, mientras que el chacalote constituía una versión todavía más exagerada del personaje, en ocasiones vinculada a la prostitución masculina, al delincuente de barrio y al joven marginal, convertidos en iconos del deseo.
Como suele ocurrir con el argot, los significados evolucionan. Hoy en día, chacal y chacalote se aplican con frecuencia a cualquier chico atractivo, masculino o machirulo, independientemente de su orientación sexual. Basta darse una vuelta por cualquier portal porno para comprobar que el chacal contemporáneo puede ser prácticamente cualquier muchacho con estética de barrio y abdominales aceptables.
El mostacero es peruano, el chacal es mexicano, pero ambos parecen pertenecer a la misma especie zoológica: la del eterno macho deseado.
Mayate, utilizado en México, procede del nombre de un escarabajo asociado a los excrementos, al igual que el cucarrón de Colombia. Tampoco parece casual que el chacal sea un animal carroñero y oportunista, como el mostacero en la madrugada del viernes o del sábado. Al fin y al cabo, el imaginario popular suele servirse del mundo animal para construir sus metáforas.
Todos ellos parecen compartir una misma intuición: que las personas son bastante más complejas, más plásticas y menos previsibles que las etiquetas que utilizamos para clasificarlas.
La insoportable creatividad del ser
Quizá la principal enseñanza del mostacero sea otra. La diversidad sexual no consiste únicamente en la existencia de múltiples identidades, sino también en la extraordinaria plasticidad con la que las personas construyen deseos, referentes, comportamientos y maneras de estar en el mundo. Una creatividad desbordante y exasperante para quienes necesitan reducirlo todo a categorías sencillas y binarias.
Por eso el mostacero no habla sólo de un personaje peruano. Habla de lo que ocurre cada vez que intentamos encerrar la diversidad humana dentro de una etiqueta. Las categorías son útiles. Las personas, sin embargo, siempre acaban siendo bastante más creativas que cualquier etiqueta.
Y menos mal.
Si te interesan palabras como mostacero, consulta nuestro Diccionario Gay Español y descubre muchas más historias del argot homosexual. Leer también: Comportamiento homosexual y homosexualidad
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Mostacero. Diccionario Gay (Perú).
Mostacero, además del recipiente que contiene la mostaza, es un argot de hombre homosexual que tiene su origen en El Perú. Esta expresión, que nos muestra que el comportamiento homosexual está muy extendido entre los hombres heterosexuales, la hemos convertido en una camiseta original, divertida y muy picante.
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